El cuidado diario de una persona con Alzheimer u otro tipo de demencia puede volverse, con el tiempo, una tarea de atención permanente. Conforme avanza el deterioro cognitivo, actividades tan cotidianas como preparar alimentos, tomar medicamentos, salir de casa o asearse dejan de hacerse de forma independiente y requieren supervisión constante.

Según la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) del INEGI, en México viven con algún tipo de demencia alrededor de 1.3 millones de personas. De ellas, el 86.9% son cuidadas principalmente por mujeres dentro del hogar, quienes destinan en promedio 37.9 horas a la semana a esta labor, frente a las 25.6 horas que reportan los hombres.

En regiones como la Mixteca, donde la migración ha llevado a muchos hombres y mujeres jóvenes a salir en busca de trabajo, el cuidado de los adultos mayores con demencia suele recaer todavía más en quienes permanecen en los pueblos, casi siempre madres, esposas o hijas que reorganizan su vida diaria para atender a un familiar.

“La persona que cuida suele priorizar las necesidades de quien atiende y de su entorno, dejando en último lugar su propio bienestar. Con frecuencia aparecen señales como cansancio constante, alteraciones del sueño, irritabilidad o aislamiento, síntomas que no deberían normalizarse. Pedir ayuda no significa cuidar menos, sino contar con mejores herramientas para continuar brindando atención de manera sostenible”, señaló el Dr. Humberto Bautista, vocero de PiSA Farmacéutica.

Conforme avanza la enfermedad, las necesidades de acompañamiento se incrementan: la persona puede requerir apoyo para bañarse, alimentarse, usar el baño, administrar medicamentos o manejar dinero. Reconocer estos cambios a tiempo permite a las familias organizar mejor el cuidado y buscar apoyo antes de que el desgaste físico y emocional de quien cuida se vuelva insostenible.

Especialistas insisten en que la red de apoyo familiar es clave para que la responsabilidad no recaiga en una sola persona, algo que en comunidades mixtecas con menos manos disponibles por la migración puede representar un reto adicional para quienes se quedan a cuidar.